Para bien o para mal, seamos al menos coherentes.

By: Lugo | September 22nd, 2009

 

 

*Post del nuevo blogger de Millonarios. Su blog está en construcción.

Para bien o para mal, seamos al menos coherentes.

 

Por ye_monk
21-9-2009

 

Para ser honesto, no me agrada cuando me siento a ver a este Millos. No me parece que el amor por su trabajo se refleje en la actitud de los jugadores que entran a la cancha, o en las de los que permanecen en el banco. Al empezar el campeonato, una gruesa parte de la hinchada nos llegamos a emocionar con quienes veíamos defender nuestros colores, ganáramos o no. En el pasado reciente se había reclamado ganas, compromiso, entrega y hasta la prostituida expresión de “jugadores que suden la camiseta”… Aparentemente era justo lo que iba a afrontar los partidos. Además, la mayor parte de la nómina estaba conformado por jugadores sin experiencia pero hambre de gloria –o así se veía-. Eran incluso propiedad nuestra para variar. El futuro empezando a revelarse ante nuestros ojos.

 

Dejando de lado por un momento el espinoso tema institucional, los hinchas nuevamente nos ilusionamos con el proyecto que teníamos ante nuestros ojos. Parecíamos de vuelta a la época del apodado “Kínder de Cortés” en 2004, pero que ya no estaba conformado así dada la necesidad ante la huida masiva aunque discreta de buena parte de su plantel. De la mano por cierto de ese polémico personaje de quien se dice que tiene un poder de motivación único sobre los jugadores –para bien o para mal-, pero a quien también se le acusa de manejar a Millonarios con la premeditación y maquiavélica habilidad de un experto ajedrecista con sus piezas en el tablero. De cualquier forma, es el responsable de nuestros últimos triunfos tanto nacionales como internacionales, y de promocionar durante sus anteriores años como DT a jugadores propios de la calidad de Eduardo Pimentel, Andrés Pérez, Hans Shomberguer y Andrés Chitiva. Por cierto, quien además estaba en su octavo año al mando de Millos. Dijo que en Millos se acababan las vedettes.La historia que sigue nos la sabemos ya de memoria, tanto por vivirla como por oír de ella. Seré breve por tanto: empezaron a llegar jugadores de mayor edad y aparente menor motivación a los que estaban en un principio, que a su vez fueron relegados lentamente al banco de suplentes; no respetó su promesa de no auspiciar el “vedetismo” como ocurrió claramente en los casos de Casierra, de Ciciliano y de Córdoba; la aparición e insistencia en nómina titular de elementos inexplicables para el público… y la consecuente pérdida paulatina de los puntos que nos tiene hoy por fuera de la postemporada. La última joya ha sido la sospecha de una brecha en el manejo de grupo de quien se temía que lo maneja a su antojo hace ya años, y de declaraciones increpantes de parte y parte entre el técnico y sus dirigidos. Sumémosle a esto la ausencia de una directiva institucional real e implacable que estaba llamada a entrar a mediar efectiva y tajantemente en este conflicto. Un profesionalismo que en Millos no aparece sino escrito en los contratos de los jugadores, y de nuevo un sueño que se siente naufragar a fuego lento por ya más años de los que vale la pena recordar. Es tan crítica esta situación que muy posiblemente muchos de los hinchas más fanáticos y radicales de hoy –en la tribuna- JAMÁS hayan visto a Millos campeón. Y los más jóvenes de ellos, ni siquiera subcampeón. Así uno entiende por qué se emocionan tanto con lo que para personas con más edad es tan poco y por ende tan humillante prestarle atención. Eso sí,

conocen las nóminas que vieron triunfar sus padres y abuelos como las tablas de multiplicar. Y hasta mejor que estas.

Regresemos ahora al presente, al partido que se acaba de jugar en la capital del Valle. Los recortes de prensa dirán que ganamos de visitante, gracias a la actuación destacada de uno de nuestros dinosaurios, Óscar Córdoba, mientras que se logró por medio del gol de otro de ellos, Mauricio Casierra. El centro de la defensa en cambio estuvo por necesidad conformado por Henríquez y Franco. Dos jóvenes de las condiciones que la hinchada quería ver: jóvenes, de la casa y bla bla bla. Sobra decir que fue la zona del campo visiblemente más débil durante el partido, por donde “entró todo”. Entonces ni José Cuadrado, quien está empeorando mucho su promedio de goles recibidos por partido, ni Álex Díaz ni Efraín Cortés. Todos estos jóvenes, promisorios…y nuestros. El que lea este resumen de la fecha 10 de la Mustang II en un par de décadas se confundirá sin duda. Más si suponemos –como ojalá así sea- que el partido en Cali marcó el renacer de ese Millos que ilusionó a propios y sorprendió a extraños al inicio de la temporada 2009-2. Pero ¿no son estos los que la tribuna tanto resistía? ¿Es entonces tan malo el proyecto?

Algo claro es que los mismos que exclaman hoy vítores y lanzan campanas al aire, mañana emitirán insultos y proferirán maldiciones, ruina y fracaso total del equipo al momento en que se pierda de nuevo. Dirán que claro, que se sabía que iba a ser así. Es evidente que los veteranos jamás jugarán con la emoción, la energía y la fogosidad con que lo hace un juvenil. Pero también lo es que ciertos momentos en un juego se resuelven con algo de calidad, madurez y hasta marrullería. No necesariamente con las características que asocié atrás a la juventud. Y precisamente eso ocurrió ayer en Cali. Apoyados sin duda por una monumental dosis de suerte. De no existir esta, estaríamos hablando hoy de otra cosa muy diferente. Ya en innumerables oportunidades, y en todas ellas para los más jóvenes, nos hemos ilusionado con equipos que son propios e importados, nóveles y curtidos, austeros u ostentosos. De la mano de técnicos que abarcan también una amplia gama, y que han ofrecido propuestas diferentes, así como también han tenido diferentes tipos de fallas.

¿A qué nos debemos resignar los hinchas que hemos sido siempre observadores y en ocasiones víctimas de lo expuesto atrás? Creo que tenemos la alternativa de que, sea cual fuere nuestra decisión, lo menos que podemos hacer es mostrar coherencia entre las cosas que decimos y las que hacemos. Por un lado, si vamos al estadio decididos a apoyar a quienes están, que sea a apoyar y no a insultar. No tengamos a ningún jugador entre ojos, y respaldemos todas las decisiones que se tomen, junto con todos los miembros deportivos y administrativos de la institución a la que representan. Que se crean por un momento eso de que somos la hinchada más grande de Colombia y que nuestro equipo no sienta que El Campín es una plaza donde le cuesta más trabajo ganar que el Atanasio, el Pascual u otras. Y por culpa de ellos y nuestra, al parecer es en eso en lo que estamos convirtiendo nuestro estadio. El concepto de “local” juega en sentido contrario para nosotros, porque la hinchada está concentrada en todo lo malo que puede pasar, y no en lo bueno.

Si decidimos en cambio que no queremos apoyar, entonces no vayamos al estadio. No compremos nada de las mercancías oficiales de Millos. Ni siquiera adquiramos medios que lleven sus noticias, porque ellos se apoyan en nuestra presunta grandeza para vender su producto. Así sea hablando mal y diciendo mentiras. De hecho, nuestro masoquismo ha llegado a que sintonizamos el radio o adquirimos un diario esperando encontrar en estos meras desgracias. Decidir estar en contra de los que están, pero incurrir en todas las conductas que digo atrás es de lo más contradictorio. Si estoy en desacuerdo con lo que hay y con los que están… ¿qué hago allá en primerísimo lugar? ¿Para qué “ellos” sientan mi repudio allí mismo? Amigos: a “ellos” poco o nada les interesa si sienten o no su rechazo, desde que sus arcas ($$$) no lo sientan. Así de sencillo. Como tampoco es lógico decir que creo fervientemente en lo que está pasando y que lo apoyo, pero que lo haga únicamente desde un televisor. Una de las cosas de las que lastimosamente adolecemos en el mundo moderno, es de una falta de coherencia alarmante en cada faceta de nuestras vidas.

Yo sugiero una estrategia bastante más simple: preguntarnos primero qué es lo que queremos lograr, y si con persistir en lo que hacemos rutinariamente estamos ayudando a –o más bien impidiendo- que se logre lo que queremos lograr. Y no el grupo ni la barra, ni la cuadra ni el barrio ni el colegio;

YO. En mí mismo como individuo pensante y autónomo. Y ojalá no aplicáramos esto para Millos solamente, sino para todas nuestras vidas.Emulando al fallecido Jaime Garzón, que Dios nos perdone a todos.






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